El joven que cayó en la trampa logró huir de sus captores por la ventana y avisó a la policía de lo que pasaba en la casa. Cuando la policía llegó los malvivientes habían huido.
Y ahí fue cuando llegó la pizza, pedida por los criminales antes de huir. Sin darse cuenta los agentes se devoraron la evidencia. Afortunadamente, tiraron las cajas en el asiento trasero del patrullero y de esa forma, más tarde, descubrieron que en el cartón el empleado del restaurante había escrito el nombre, la dirección y la hora en la que los criminales habían llamado.


0 comentarios :
Publicar un comentario