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martes, 7 de diciembre de 2010

Jaime Lértora: Si no hablo me vuelvo loco

Jaime Lértora. Caricatura: Tito PiquéLima.- El destacado actor peruano, Jaime “Cabezón” Lértora es hablante. Disfruta con la conversación a plenitud. Afirma que no puede dejar de hablar, y admite que tiene un carácter exhibicionista. Lértora, al lado de un equipo de profesionales, acaba de publicar Presenta, una guía para saber exponer las ideas.

¿Tiene un problema de existencia la persona que no sabe hablar?
-Uhmm…creo que la gente está perdiendo el placer de hablar por no conocer cómo hacerlo. Hablar es una parte de la comunicación. Tocarse, mirarse, son pequeñas cosas que hacen la comunicación más intensa. Basta ver a dos personas que se aman, trasmitiéndose fluidos de todo tipo, sólo con el silencio.

A las personas no se les enseña a hablar…
-La gente no habla porque tiene miedo. Eso se aprende en casa, y lo primero que hay que reconocer como una necesidad es la base afectiva de la comunicación. Si dos personas no tienen un vínculo amable, es difícil que puedan comunicarse. Esto también ocurre frente a un auditorio.

¿Esa situación no se puede revertir?
-¡Claro que sí! Se puede construir y empezar de uno mismo. Uno tiene que saber qué cosa hace bien para continuar haciéndolas mejor, y qué no hace bien para analizarlas y mejorarlas. En relación al habla, las personas tienen que tener claro lo que tienen que decir. Eso enseñamos en nuestros talleres. Y se aplica en todos los ámbitos de la vida.

¿Un buen expositor es un buen maestro?
-No necesariamente. Un maestro tendría que ser un buen expositor, él transmite valores, acompaña, está detrás de un proceso de aprendizaje. Un expositor, no.

¿El Jaime Lértora que hoy tiene 60 años, habla mejor que cuando tenía 30?
-¡Por supuesto, porque hablo más! Pero yo vengo de una familia materna de hablantes, hablamos con afecto. Nos queremos siempre, no olvidamos a nuestros muertos, abuelos, padres, primos. Somos muy numerosos. Los primos hermanos nos criamos en la casa de los abuelos, éramos una tribu.

¿La familia es un lugar en donde se empieza con éxito o fracaso, a hablar?
-Es fundamental, y es lo que hay que crear hoy en día en las empresas: familias. La familia es una atmósfera, un lugar en donde uno se siente bien. Si ocurre lo contrario es porque lo afectivo está desapareciendo, nos hemos dejado de querer. Hemos perdido el interés por el otro. Es doloroso, pero también ocurre en las empresas.

Y también entre hombres y mujeres…
-Yo creo que menos en las mujeres porque son las encargadas de trasmitir el vínculo afectivo a través de nuestra historia. Aunque hoy en día veo a padres jóvenes que asumen su paternidad con mucho amor. Veo a mi hermano Gino que lo hace con mucha dedicación. Si yo soy un buen padre, él me superó.

¿Cuando tú observas a una persona que te trasmite inseguridad a la hora de expresar sus ideas, qué interpretas?
-Es una persona con miedos instalados, aprendidos, que son tres: miedo a equivocarse, al rechazo y a hacer el ridículo. Con ninguno de ellos hemos nacido, los adquirimos y se pueden superar. Todos. Puede ser a través de nuestro taller, sicólogos, siquiatras, o Dios… (Risas).

¿Qué valor tiene para usted hablar?
-Es mi oxígeno. Yo disfruto hablando con todos los que reconozco como mis iguales. Si encuentro un rostro que me sonríe, ese es mi igual. No quiero la carcajada, quiero ese rictus que me trasmite que esa persona es buena en el fondo…

¿Una persona mala no comunica?
-Comunica maldad ¿Conoce algún niño o niña que no tenga carisma? Salvo “Chucky”…pero es gracioso sino le tienes miedo, ¿no? (Risas).

¿En qué rol se siente mejor comunicador, como esposo, padre, maestro, amante?
-No se puede hablar de mejor, son niveles distintos y puede variar desde el silencio a la atención plena. A nivel personal, me siento mejor hablando en público que en privado. Seguro por mi ego y mi carácter exhibicionista, lo reconozco. Soy un sujeto mediático, me gusta ser el centro siempre. Para mí, que me escuchan 500 o 5 mil personas, como dijo el actor italiano Vittorio Gassman, es como un orgasmo a telón abierto.

¿Y por qué en la intimidad, no?
-Porque el número de palabras, en el pueblo de los amores, es inversamente proporcional. Se necesitan más de las caricias, de mirarse en el silencio; igual con los hijos ¿no? creo que hay que escucharlos más, y eso es algo que estoy trabajando. Hay que aprender más de la gente que maneja el silencio con uno mismo, y los demás. Creo que esta conversación está derivando en filosofía, nos falta desnudarnos para ser griegos (Risas).

¿Ha intentado dejar de hablar un día?
-¡No puedo! Una vez me obligaron, en un retiro del colegio, a no hablar porque teníamos que meditar. Cada uno estuvo encerrado en su celda, en el seminario de Santo Toribio, para buscarse a sí mismo. ¡Fue terrible! ¡Sino hablo me vuelvo loco!

¿Ser hablador le permitió acercarse más a las mujeres?
-No. A hombres y mujeres. No soy feminista ni machista, y siempre he sido inclusivo cuando me he dirigido al público. Lo que he logrado por hablar, es que me paguen por eso. Yo hago lo que me gusta todo el día.

Trabajó en la empresa privada ¿sufrió por no hablar?
-En los trabajos que tuve en empresas cumplía un rol. Trabajé en varios bancos como el de Fomento Agrario, Hipotecario y Crédito. Hasta diciembre de 1994 lo hice como asalariado en las áreas administrativas e informática.

¿Hay algo que no haya dicho todavía?
-No me quiero morir…

Por Susana Mendoza

Jaime Lértora. Caricatura: Tito PiquéLima.- El destacado actor peruano, Jaime “Cabezón” Lértora es hablante. Disfruta con la conversación a plenitud. Afirma que no puede dejar de hablar, y admite que tiene un carácter exhibicionista. Lértora, al lado de un equipo de profesionales, acaba de publicar Presenta, una guía para saber exponer las ideas.

¿Tiene un problema de existencia la persona que no sabe hablar?
-Uhmm…creo que la gente está perdiendo el placer de hablar por no conocer cómo hacerlo. Hablar es una parte de la comunicación. Tocarse, mirarse, son pequeñas cosas que hacen la comunicación más intensa. Basta ver a dos personas que se aman, trasmitiéndose fluidos de todo tipo, sólo con el silencio.

A las personas no se les enseña a hablar…
-La gente no habla porque tiene miedo. Eso se aprende en casa, y lo primero que hay que reconocer como una necesidad es la base afectiva de la comunicación. Si dos personas no tienen un vínculo amable, es difícil que puedan comunicarse. Esto también ocurre frente a un auditorio.

¿Esa situación no se puede revertir?
-¡Claro que sí! Se puede construir y empezar de uno mismo. Uno tiene que saber qué cosa hace bien para continuar haciéndolas mejor, y qué no hace bien para analizarlas y mejorarlas. En relación al habla, las personas tienen que tener claro lo que tienen que decir. Eso enseñamos en nuestros talleres. Y se aplica en todos los ámbitos de la vida.

¿Un buen expositor es un buen maestro?
-No necesariamente. Un maestro tendría que ser un buen expositor, él transmite valores, acompaña, está detrás de un proceso de aprendizaje. Un expositor, no.

¿El Jaime Lértora que hoy tiene 60 años, habla mejor que cuando tenía 30?
-¡Por supuesto, porque hablo más! Pero yo vengo de una familia materna de hablantes, hablamos con afecto. Nos queremos siempre, no olvidamos a nuestros muertos, abuelos, padres, primos. Somos muy numerosos. Los primos hermanos nos criamos en la casa de los abuelos, éramos una tribu.

¿La familia es un lugar en donde se empieza con éxito o fracaso, a hablar?
-Es fundamental, y es lo que hay que crear hoy en día en las empresas: familias. La familia es una atmósfera, un lugar en donde uno se siente bien. Si ocurre lo contrario es porque lo afectivo está desapareciendo, nos hemos dejado de querer. Hemos perdido el interés por el otro. Es doloroso, pero también ocurre en las empresas.

Y también entre hombres y mujeres…
-Yo creo que menos en las mujeres porque son las encargadas de trasmitir el vínculo afectivo a través de nuestra historia. Aunque hoy en día veo a padres jóvenes que asumen su paternidad con mucho amor. Veo a mi hermano Gino que lo hace con mucha dedicación. Si yo soy un buen padre, él me superó.

¿Cuando tú observas a una persona que te trasmite inseguridad a la hora de expresar sus ideas, qué interpretas?
-Es una persona con miedos instalados, aprendidos, que son tres: miedo a equivocarse, al rechazo y a hacer el ridículo. Con ninguno de ellos hemos nacido, los adquirimos y se pueden superar. Todos. Puede ser a través de nuestro taller, sicólogos, siquiatras, o Dios… (Risas).

¿Qué valor tiene para usted hablar?
-Es mi oxígeno. Yo disfruto hablando con todos los que reconozco como mis iguales. Si encuentro un rostro que me sonríe, ese es mi igual. No quiero la carcajada, quiero ese rictus que me trasmite que esa persona es buena en el fondo…

¿Una persona mala no comunica?
-Comunica maldad ¿Conoce algún niño o niña que no tenga carisma? Salvo “Chucky”…pero es gracioso sino le tienes miedo, ¿no? (Risas).

¿En qué rol se siente mejor comunicador, como esposo, padre, maestro, amante?
-No se puede hablar de mejor, son niveles distintos y puede variar desde el silencio a la atención plena. A nivel personal, me siento mejor hablando en público que en privado. Seguro por mi ego y mi carácter exhibicionista, lo reconozco. Soy un sujeto mediático, me gusta ser el centro siempre. Para mí, que me escuchan 500 o 5 mil personas, como dijo el actor italiano Vittorio Gassman, es como un orgasmo a telón abierto.

¿Y por qué en la intimidad, no?
-Porque el número de palabras, en el pueblo de los amores, es inversamente proporcional. Se necesitan más de las caricias, de mirarse en el silencio; igual con los hijos ¿no? creo que hay que escucharlos más, y eso es algo que estoy trabajando. Hay que aprender más de la gente que maneja el silencio con uno mismo, y los demás. Creo que esta conversación está derivando en filosofía, nos falta desnudarnos para ser griegos (Risas).

¿Ha intentado dejar de hablar un día?
-¡No puedo! Una vez me obligaron, en un retiro del colegio, a no hablar porque teníamos que meditar. Cada uno estuvo encerrado en su celda, en el seminario de Santo Toribio, para buscarse a sí mismo. ¡Fue terrible! ¡Sino hablo me vuelvo loco!

¿Ser hablador le permitió acercarse más a las mujeres?
-No. A hombres y mujeres. No soy feminista ni machista, y siempre he sido inclusivo cuando me he dirigido al público. Lo que he logrado por hablar, es que me paguen por eso. Yo hago lo que me gusta todo el día.

Trabajó en la empresa privada ¿sufrió por no hablar?
-En los trabajos que tuve en empresas cumplía un rol. Trabajé en varios bancos como el de Fomento Agrario, Hipotecario y Crédito. Hasta diciembre de 1994 lo hice como asalariado en las áreas administrativas e informática.

¿Hay algo que no haya dicho todavía?
-No me quiero morir…

Por Susana Mendoza

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