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miércoles, 26 de enero de 2011

/Video/ Ex pareja de Silvia Núñez: "Yo no hubiera dejado que Corbacho la insulte"

Antonio Haaker, ex enamorado de Silvia Núñez del Arco, actual pareja del periodista Jaime Bayly, está al tanto de las noticias acerca de esta. Por eso, a la primera oportunidad que tuvo no se quedó callado y opinó sobre los ataques que Núñez ha recibido de parte del ex amigo íntimo de Bayly, Luis Corbacho.

“Si es que le hacen eso a mi enamorada, el pata no estaría acá, estaría bien enterrado. Ni a mi familia, ni a mis mejores amigos o amigas se les falta el respeto. No hay forma”, dijo al noticiero “A primera hora”.

Haaker también habló sobre la sexualidad de la actual pareja de Jaime Bayly, después de que Corbacho la pusiera en duda. “Yo mismo la llevaba varias veces a la casa de su profesora de alemán. Yo sé que ella salía del colegio y se iba con la profesora. No voy a decir el nombre porque no quiero perjudicar a nadie. Era su tutora y mejor amiga. Supuestamente le estaba ayudando en un tema familiar, cómo ella se podía comunicar con los papás”.

En relación con su desenvolvimiento como escritora, Antonio Haaker consideró que Silvia Núñez “tiene que corregir la pluma y le falta mucho todavía”.

Finalmente, le deseó lo mejor para su embarazo y espera que su ex pareja y Baylyvivan juntos por el bien del hijo que está en camino. “Cuando hay un hijo de por medio, tendría que haber sentido de papá y mamá. No apoyo que ella viva sola y esté por un lado, creo que deberían vivir juntos”, indicó.

Antonio Haaker, ex enamorado de Silvia Núñez del Arco, actual pareja del periodista Jaime Bayly, está al tanto de las noticias acerca de esta. Por eso, a la primera oportunidad que tuvo no se quedó callado y opinó sobre los ataques que Núñez ha recibido de parte del ex amigo íntimo de Bayly, Luis Corbacho.

“Si es que le hacen eso a mi enamorada, el pata no estaría acá, estaría bien enterrado. Ni a mi familia, ni a mis mejores amigos o amigas se les falta el respeto. No hay forma”, dijo al noticiero “A primera hora”.

Haaker también habló sobre la sexualidad de la actual pareja de Jaime Bayly, después de que Corbacho la pusiera en duda. “Yo mismo la llevaba varias veces a la casa de su profesora de alemán. Yo sé que ella salía del colegio y se iba con la profesora. No voy a decir el nombre porque no quiero perjudicar a nadie. Era su tutora y mejor amiga. Supuestamente le estaba ayudando en un tema familiar, cómo ella se podía comunicar con los papás”.

En relación con su desenvolvimiento como escritora, Antonio Haaker consideró que Silvia Núñez “tiene que corregir la pluma y le falta mucho todavía”.

Finalmente, le deseó lo mejor para su embarazo y espera que su ex pareja y Baylyvivan juntos por el bien del hijo que está en camino. “Cuando hay un hijo de por medio, tendría que haber sentido de papá y mamá. No apoyo que ella viva sola y esté por un lado, creo que deberían vivir juntos”, indicó.

jueves, 20 de enero de 2011

/Video/ Pareja de Bayly presentó libro y le respondió a Luis Corbacho

Silvia Núñez del Arco presentó su segunda y última novela “Hay una chica en mi sopa” en una conferencia de prensa en la que respondió a quienes la han criticado en los últimos días, entre ellos el argentino Luis Corbacho, quien fuera amigo íntimo de su pareja, el escritor “Jaime Bayly”;

“Cada persona es libre de pensar, de decir y de escribir lo que ellos quieran (...) No me he sentido atacada en estos últimos días porque vivo una burbuja en la que está mi bebe, Jaime (Bayly) y yo”, dijo al ser consultada sobre los duros calificativos lanzados por Corbacho.

En otro momento, la autora de “Lo que otros no ven”, quien luce su embarazo, reiteró que no está en sus planes casarse con Jaime Bayly, pese a que el polémico escritor se lo ha propuesto.

“Yo no me quiero casar y el tampoco; estaba un poco dopado cuando lo hizo”, afirmó provocando las risas del público asistente.

Sobre la ausencia del popular ‘Francotirador’ dijo: “Si Jaime no está acá es porque está trabajando en Miami, no puede dejar el programa pero está en mi corazón y eso para mí basta, es importante. Él comparte conmigo la alegría del bebé y la novela. El para mí, en estos momentos, es lo mejor que me pudo haber pasado”, indicó en la sede de la Alianza Francesa de Miraflores.

Al inicio de la rueda de prensa a la que asistieron sus padres, Núñez del Arco comentó pasajes de su más reciente obra y también reconoció que el hecho de haber ido sola es importante porque busca consolidarse como “una escritora independiente”.

Silvia Núñez del Arco presentó su segunda y última novela “Hay una chica en mi sopa” en una conferencia de prensa en la que respondió a quienes la han criticado en los últimos días, entre ellos el argentino Luis Corbacho, quien fuera amigo íntimo de su pareja, el escritor “Jaime Bayly”;

“Cada persona es libre de pensar, de decir y de escribir lo que ellos quieran (...) No me he sentido atacada en estos últimos días porque vivo una burbuja en la que está mi bebe, Jaime (Bayly) y yo”, dijo al ser consultada sobre los duros calificativos lanzados por Corbacho.

En otro momento, la autora de “Lo que otros no ven”, quien luce su embarazo, reiteró que no está en sus planes casarse con Jaime Bayly, pese a que el polémico escritor se lo ha propuesto.

“Yo no me quiero casar y el tampoco; estaba un poco dopado cuando lo hizo”, afirmó provocando las risas del público asistente.

Sobre la ausencia del popular ‘Francotirador’ dijo: “Si Jaime no está acá es porque está trabajando en Miami, no puede dejar el programa pero está en mi corazón y eso para mí basta, es importante. Él comparte conmigo la alegría del bebé y la novela. El para mí, en estos momentos, es lo mejor que me pudo haber pasado”, indicó en la sede de la Alianza Francesa de Miraflores.

Al inicio de la rueda de prensa a la que asistieron sus padres, Núñez del Arco comentó pasajes de su más reciente obra y también reconoció que el hecho de haber ido sola es importante porque busca consolidarse como “una escritora independiente”.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

/Video/ Silvia Núñez del Arco sobre su embarazo: "Estoy súper contenta"

Luego de que se dieran a conocer los ataques que aparentemente habría sufrido Silvia Núñez del Arco por parte de la familia de Jaime Bayly, la joven escritora reapareció públicamente y dejó ver sus cinco meses de embarazo en una fiesta organizada por la editorial Planeta.

La pareja del escritor comentó que, pese a lo ocurrido, su embarazo no ha sufrido ninguna complicación. “Estoy muy contenta, eso es todo lo que les puedo decir. Entusiasmada y contenta con mi estado… Jaime también está feliz”, dijo la también escritora.

Asimismo, no quiso opinar sobre Sandra Masías (esposa de Bayly) y tampoco sobre la actitud de la hija mayor del periodista. Como se recuerda, en una de sus columnas Bayly señaló que su ex esposa había calificado a Silvia de “perra chusca”, además de poner en duda la paternidad del escritor. También contó que Camila (la mayor de sus hijas) publicó unas fotos en donde aparentemente quemaba un recuerdo que Núñez del Arco le había obsequiado al autor de “No se lo digas a nadie”.

De otro lado, comentó que muy pronto saldrá a la venta su próximo libro, titulado “Hay una chica en mi sopa”. “No es una continuación del primero (“Lo que otros no ven”), cuenta temas de mi vida real pero con más ficción. Una escritora siempre aspira a crear más ficción con el tiempo”, dijo al final de la reunión organizada por su casa editorial.

Luego de que se dieran a conocer los ataques que aparentemente habría sufrido Silvia Núñez del Arco por parte de la familia de Jaime Bayly, la joven escritora reapareció públicamente y dejó ver sus cinco meses de embarazo en una fiesta organizada por la editorial Planeta.

La pareja del escritor comentó que, pese a lo ocurrido, su embarazo no ha sufrido ninguna complicación. “Estoy muy contenta, eso es todo lo que les puedo decir. Entusiasmada y contenta con mi estado… Jaime también está feliz”, dijo la también escritora.

Asimismo, no quiso opinar sobre Sandra Masías (esposa de Bayly) y tampoco sobre la actitud de la hija mayor del periodista. Como se recuerda, en una de sus columnas Bayly señaló que su ex esposa había calificado a Silvia de “perra chusca”, además de poner en duda la paternidad del escritor. También contó que Camila (la mayor de sus hijas) publicó unas fotos en donde aparentemente quemaba un recuerdo que Núñez del Arco le había obsequiado al autor de “No se lo digas a nadie”.

De otro lado, comentó que muy pronto saldrá a la venta su próximo libro, titulado “Hay una chica en mi sopa”. “No es una continuación del primero (“Lo que otros no ven”), cuenta temas de mi vida real pero con más ficción. Una escritora siempre aspira a crear más ficción con el tiempo”, dijo al final de la reunión organizada por su casa editorial.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Jaime y Silvia aún no saben el sexo de su bebe

ImagenEl polémico Jaime Bayly acompañó el último martes a su joven pareja, Silvia Núñez del Arco, quien tiene cinco meses de gestación, a una cita médica con su ginecólogo para conocer el sexo del bebe. Ese día, en su programa de entrevistas que conduce por la señal estadounidense Mega TV, Bayly reveló detalles del embarazo. “Fuimos al ginecólogo con mucha emoción. Luego de hacer la ecografía, el doctor me dijo que el bebe está midiendo 30 centímetros. Le dije que es poco para cinco meses, a lo que él respondió: ‘Esto es más de lo que debe medir su pene, señor Bayly, no es tan poco’”, ironizó.

Los futuros padres tenían la esperanza de saber el sexo del bebe en esta cita. “Luego le pregunté lo que Silvia y yo queremos saber con creciente impaciencia: ¿es hombre o mujer? Me dijo: ‘No lo podemos saber porque ahora estoy tocando la entrepierna. El bebe estaba echado, pero se asustó y ahora está sentado’”, detalló el periodista.

El ex conductor de “El francotirador” también informó que, según las revisiones médicas, el embarazo transcurre saludablemente.

SU DESEO
En otro pasaje del programa, mientras entrevistaba a la actriz mexicana Geraldine Bazán, Bayly incidió en el tema del sexo de su bebe: “Me gustaría tener un niño que se sienta niña, que baile ballet, que tenga la sensibilidad y la intuición de una mujer. No me gustaría uno de esos niños que estén jugando en un camión”.
ImagenEl polémico Jaime Bayly acompañó el último martes a su joven pareja, Silvia Núñez del Arco, quien tiene cinco meses de gestación, a una cita médica con su ginecólogo para conocer el sexo del bebe. Ese día, en su programa de entrevistas que conduce por la señal estadounidense Mega TV, Bayly reveló detalles del embarazo. “Fuimos al ginecólogo con mucha emoción. Luego de hacer la ecografía, el doctor me dijo que el bebe está midiendo 30 centímetros. Le dije que es poco para cinco meses, a lo que él respondió: ‘Esto es más de lo que debe medir su pene, señor Bayly, no es tan poco’”, ironizó.

Los futuros padres tenían la esperanza de saber el sexo del bebe en esta cita. “Luego le pregunté lo que Silvia y yo queremos saber con creciente impaciencia: ¿es hombre o mujer? Me dijo: ‘No lo podemos saber porque ahora estoy tocando la entrepierna. El bebe estaba echado, pero se asustó y ahora está sentado’”, detalló el periodista.

El ex conductor de “El francotirador” también informó que, según las revisiones médicas, el embarazo transcurre saludablemente.

SU DESEO
En otro pasaje del programa, mientras entrevistaba a la actriz mexicana Geraldine Bazán, Bayly incidió en el tema del sexo de su bebe: “Me gustaría tener un niño que se sienta niña, que baile ballet, que tenga la sensibilidad y la intuición de una mujer. No me gustaría uno de esos niños que estén jugando en un camión”.

martes, 7 de diciembre de 2010

Jaime Bayly se reafirmó en lo dicho sobre el diálogo con Alan García

La columna de Jaime Bayly publicada ayer en Perú.21 —sobre una cena celebrada en su casa, donde participó el presidente Alan García�� marcó la agenda política de ayer, al punto que el jefe de Estado aclaró el tenor de sus palabras, cuando le dijo al periodista que “La plata llega sola”.

Tras ello, el diario habló con el columnista, quien descartó que en su artículo haya “expresiones literarias” y que un novelista tiene “licencia para interpretar como quiera las cosas”, como dijo García Pérez.

Bayly dijo en tal sentido que García trata de maquillar la verdad. Así, precisó que cuando dijo al presidente que no tenía fondos para una campaña electoral y que el sueldo de presidente no cubría sus gastos familiares, “él me dijo: No seas cojudo, la plata llega sola. No estábamos hablando de la plata que llegaría cuando yo fuese expresidente, como dice falsamente García. En cuanto a Humala (sobre armar un golpe de Estado en caso salga elegido), no me atrevería a mentir sobre algo tan grave. Lo dijo, y lo dijo tal cual lo he citado”.

“El Francotirador” dijo además que dos testigos participaron del encuentro: su ex esposa, Sandra Masías; y Roxana Cheesman, madre del último hijo del Presidente.

Bayly añadió que en el diálogo con el Presidente, le mencionó que su madre no parecía dispuesta a ayudarlo económicamente en el financiamiento de su campaña electoral, a lo que García habría respondido: “Yo la llamo, le pido 5 millones, me quedo con uno y te doy 4 a ti”. Una broma que a Bayly incomodó por utilizar ese “lenguaje coimero”.
La columna de Jaime Bayly publicada ayer en Perú.21 —sobre una cena celebrada en su casa, donde participó el presidente Alan García�� marcó la agenda política de ayer, al punto que el jefe de Estado aclaró el tenor de sus palabras, cuando le dijo al periodista que “La plata llega sola”.

Tras ello, el diario habló con el columnista, quien descartó que en su artículo haya “expresiones literarias” y que un novelista tiene “licencia para interpretar como quiera las cosas”, como dijo García Pérez.

Bayly dijo en tal sentido que García trata de maquillar la verdad. Así, precisó que cuando dijo al presidente que no tenía fondos para una campaña electoral y que el sueldo de presidente no cubría sus gastos familiares, “él me dijo: No seas cojudo, la plata llega sola. No estábamos hablando de la plata que llegaría cuando yo fuese expresidente, como dice falsamente García. En cuanto a Humala (sobre armar un golpe de Estado en caso salga elegido), no me atrevería a mentir sobre algo tan grave. Lo dijo, y lo dijo tal cual lo he citado”.

“El Francotirador” dijo además que dos testigos participaron del encuentro: su ex esposa, Sandra Masías; y Roxana Cheesman, madre del último hijo del Presidente.

Bayly añadió que en el diálogo con el Presidente, le mencionó que su madre no parecía dispuesta a ayudarlo económicamente en el financiamiento de su campaña electoral, a lo que García habría respondido: “Yo la llamo, le pido 5 millones, me quedo con uno y te doy 4 a ti”. Una broma que a Bayly incomodó por utilizar ese “lenguaje coimero”.

/Audio/ García confirma diálogo con Bayly

Las revelaciones que hizo hoy Jaime Bayly en su columna de Perú.21obligaron al presidente Alan García a aclarar el contexto en el que llegó a decirle al escritor que cuando uno está en el poder, “la plata llega sola”, y que si ganara Ollanta Humala en las elecciones de 2011, “él propiciará un golpe de Estado e impedirá” que el líder nacionalista llegue a Palacio de Gobierno.

García admitió la conversación que tuvo con Bayly durante una cena en casa de este último, aunque dijo la polémica frase -“la plata llega sola”- hacía alusión al futuro y no a dineros que “llegan por debajo de la mesa”, como lo indicó el columnista.

Escuche a Alan Garcia

“Me preguntó lo que gano y le dije que técnicamente 16 mil, pero con descuentos, 12 mil soles. Él decía que con eso no se puede mantener, teniendo a las chicas (sus hijas) estudiando en el extranjero (...) Yo le respondí que a la política uno llega para servir, para cumplir y para ganar ciertas gratitudes. Después de terminar su rol político, la plata viene sola”, dijo en Palacio.

Tras indicar que Bayly “es un intelectual, un novelista, que tiene licencia para interpretar como quiera las cosas”, García remarcó que lo que le dijo a su interlocutor es que, de ganar las elecciones, cuando deje el poder, seguramente le pagarían “cinco veces más por su programa, diez veces más por las conferencias”.

“Esas expresiones literarias en las que sintetiza eso, hasta con una interjección, no son exactas”, agregó.

En otro momento, negó que haya hablado de un golpe de Estado o que haya mencionado a Humala, e indicó que solo habló sobre el desorden que se generaría si una opción que pretende desandar todo lo avanzadollega al gobierno.

“Si hubiera una opción que intentara desandar todo lo que nuestro país ha hecho (...), se produciría un tremendo desorden, a eso me refería, un inmenso caos. Pero no he dicho exactamente que va a haber un golpe de Estado, y tampoco he utilizado un apellido”, indicó, tras subrayar que se refería a “cualquiera que quiera subordinarnos a otro país, hacernos colonia de alguna otra nación”.

“Lo demás es una interpretación generosa y literaria de mi querido amigo Jaime (Bayly)”, agregó el mandatario, quien reiteró su simpatía por el escritor y periodista.
Las revelaciones que hizo hoy Jaime Bayly en su columna de Perú.21obligaron al presidente Alan García a aclarar el contexto en el que llegó a decirle al escritor que cuando uno está en el poder, “la plata llega sola”, y que si ganara Ollanta Humala en las elecciones de 2011, “él propiciará un golpe de Estado e impedirá” que el líder nacionalista llegue a Palacio de Gobierno.

García admitió la conversación que tuvo con Bayly durante una cena en casa de este último, aunque dijo la polémica frase -“la plata llega sola”- hacía alusión al futuro y no a dineros que “llegan por debajo de la mesa”, como lo indicó el columnista.

Escuche a Alan Garcia

“Me preguntó lo que gano y le dije que técnicamente 16 mil, pero con descuentos, 12 mil soles. Él decía que con eso no se puede mantener, teniendo a las chicas (sus hijas) estudiando en el extranjero (...) Yo le respondí que a la política uno llega para servir, para cumplir y para ganar ciertas gratitudes. Después de terminar su rol político, la plata viene sola”, dijo en Palacio.

Tras indicar que Bayly “es un intelectual, un novelista, que tiene licencia para interpretar como quiera las cosas”, García remarcó que lo que le dijo a su interlocutor es que, de ganar las elecciones, cuando deje el poder, seguramente le pagarían “cinco veces más por su programa, diez veces más por las conferencias”.

“Esas expresiones literarias en las que sintetiza eso, hasta con una interjección, no son exactas”, agregó.

En otro momento, negó que haya hablado de un golpe de Estado o que haya mencionado a Humala, e indicó que solo habló sobre el desorden que se generaría si una opción que pretende desandar todo lo avanzadollega al gobierno.

“Si hubiera una opción que intentara desandar todo lo que nuestro país ha hecho (...), se produciría un tremendo desorden, a eso me refería, un inmenso caos. Pero no he dicho exactamente que va a haber un golpe de Estado, y tampoco he utilizado un apellido”, indicó, tras subrayar que se refería a “cualquiera que quiera subordinarnos a otro país, hacernos colonia de alguna otra nación”.

“Lo demás es una interpretación generosa y literaria de mi querido amigo Jaime (Bayly)”, agregó el mandatario, quien reiteró su simpatía por el escritor y periodista.

La columna de Bayly causó revuelo en el ambiente político local

Este año ha sido una montaña rusa para mí. Probablemente ha sido el más impredecible de mi vida. Espero que el próximo sea más tranquilo.

Comencé el año en Bogotá. Vivía en el hotel Portón, en la calle 84.
Hacía un programa de televisión en NTN. Eran los meses de la campaña presidencial colombiana. Cuando empecé a mostrar simpatías por el candidato Antanas Mockus, vino al hotel el jefe de la policía secreta colombiana, Felipe Muñoz, y me dijo que, siguiendo instrucciones del entonces presidente Uribe, debía comunicarme algo de extrema gravedad: que sus espías en Caracas habían descubierto que Hugo Chávez había ordenado a sus sicarios que me matasen y que debía irme cuanto antes de Colombia.

Ahora creo que el policía colombiano, íntimo de Juan Manuel Santos, me mintió, quiso asustarme y pensó que saldría huyendo. Le dije: No se preocupe, Felipe, tengo una enfermedad terminal, moriré en seis meses, de modo que si Chávez me mata antes, me hará un gran favor. Y me quedé en Bogotá. Y Santos ganó la presidencia porque Mockus cometió la torpeza de decir que admiraba a Chávez.

Una vez que los colombianos eligieron a Santos, decidí mudarme a Lima. En ese momento, estaba seguro de que sería candidato presidencial en las elecciones peruanas. Un partido menor, Cambio Radical, me apoyaba. Pero a poco de instalarme en Lima, dicho partido respaldó, sin consultarme, la candidatura a la alcaldía de Lima de un simpático asaltante de caminos llamado Álex Kouri, deslealtad que me obligó a romper mi alianza con los politicastros y bribonzuelos de Cambio Radical.

Fue entonces cuando quien era mi amigo, el abogado Enrique Ghersi, me animó con entusiasmo a fundar un partido político, que él quería llamar “No Nos Ganan”, y me aseguró que podía recoger medio millón de firmas antes de fin de año. Con parejo entusiasmo, me pidió 300 mil dólares para ponerse en campaña a recolectar las firmas. Delicadamente, me excusé y no le di el dinero.

Ya mi relación con Enrique se hallaba deteriorada debido a que su elefantiásica mujer se empeñaba en fumar cigarrillos y echarme el humo en la cara, una grosería que ella hacía a sabiendas del fastidio que me provocaba. Ello originó mi determinación de no ver más a la adiposa señora y en cierto modo propició mi distanciamiento de su esposo, que por otra parte, siendo lo erudito y encantador que es, cometió una vergonzosa ruindad al defender, durante la dictadura de Fujimori, pagado por los empresarios Crousillat, a un reportero de televisión, a sabiendas de que dicha alimaña era culpable de drogar y abusar sexualmente de menores de edad. Decidí entonces que no era conveniente para mi salud ser amigo de una fumadora grosera y un defensor de pedófilos.

Sin embargo (y ahora me río recordando estos frecuentes brotes de idiotez en mí), no renuncié a mi ambición de ser candidato presidencial. En efecto, me reuní con la plana mayor de Acción Popular (una reunión en la que el más joven debía de contar 75 años y en la que yo rezaba para que nadie se nos muriera allí) y acordamos que sería el candidato de Acción Popular.

Luego de la reunión, y como alguien me había susurrado que un tal Lescano quería ser candidato del partido, hice llamar al amigo Lescano, lo cité en un café y, sin perder tiempo, le pregunté si él sería candidato de Acción Popular, puesto que en ese caso yo no competiría con él en las primarias. Lescano me dijo que lo estaba pensando o evaluando o meditando o sopesando, es decir, me dijo entrelíneas que sí quería ser candidato y que me llamaría. Por supuesto, no me llamó. Por consiguiente, decidí no inscribirme en Acción Popular.

Fue entonces cuando cité en el mismo café a un joven emprendedor, Gonzalo Aguirre, quien, junto con Drago Kisic (que tuvo suerte de no llamarse Droga Kisic), tenían o tienen un partido o secta o cofradía o club de amigos inscrito para participar en las elecciones. Le dije a Aguirre que quería ser candidato de ese partido llamado “Todos por el Perú”. Aguirre se entusiasmó. Organizó una reunión con la plana mayor de su partido, unos veinte ganapanes más o menos vencidos por el soponcio que me sometieron a un interrogatorio pintoresco que duró cuatro horas.

Días después, Aguirre me dijo que su partido me había aceptado como candidato presidencial. Magnífico, le dije. Luego llegó un lunes y Aguirre quiso verme con una incomprensible e impostergable urgencia. Yo me encontraba enfermo y no podía verlo y le hice saber que no podía atenderlo. Por misteriosas razones, Aguirre me dijo que entonces ya no sería candidato presidencial de su secta o cofradía “Todos por el Perú” (siendo “todos” unos dieciocho o veinte ciudadanos apelmazados).

No me quedó entonces más remedio que llamar a Lucho Bedoya el viejo, y cuando digo “el viejo’ lo digo con respeto y admiración, porque Lucho Bedoya se aproxima a cumplir un siglo de vida y sigue creyendo que Lourdes Flores va a ser presidenta del Perú, cuando sería más realista postularla al Club de Corazones Remendados. Algo desconcertado por mi llamada, me citó en su estudio jurídico (una casa en Miraflores que parecía un salón de velatorios o una funeraria). Asistí puntualmente.

El doctor Bedoya fue amable y cordial. Hablamos dos horas. Por momentos se perdía, divagaba, contaba zarandajas de su infancia o su juventud que no remataba, pero cada siete minutos exactos entraba una señorita y le daba una taza de café negro y lo revivía con esa dosis de cafeína pura que lo mantenía lúcido y erecto. Le dije a Bedoya que quería ser candidato del PPC, el Alan de la derecha peruana. Bedoya me dijo: Yo ya estoy retirado, hijo, ahora la que manda es Lourdes. Luego me recomendó (lo que yo interpreté como una señal de que Bedoya sospechaba que Lourdes no vería con simpatía mi postulación) que me dedicase a recolectar firmas para mi propio partido. No lo noté entusiasmado. Sin embargo, me llamó a los dos días al celular y me citó en su estudio y me dijo que nos reuniríamos Lourdes, él y yo.

Quedamos a las siete de la tarde. Calculé cuidadosamente la jugada. Pensé: Lourdes me va a pedir que la apoye sin reservas en la campaña municipal, que sea su fiel escudero desde la televisión y que, luego de que ella gane (si gana, y nunca gana), ya hablaremos de mi eventual candidatura presidencial. Pero yo sabía de buena fuente que Lourdes no me quería como candidato, sólo quería manipularme para que yo la apoyase desde la televisión en la campaña municipal, pues ella tenía una alianza o pacto de honor con el pícaro cobrador de peajes Luis Castañeda, en virtud del cual Castañeda se inhibió de ser candidato presidencial el 2006 (cuando tenía estupendos números en las encuestas) y Lourdes se inhibiría de serlo el 2010 y apoyaría al cobrador Castañeda (alianza que al final se frustró porque el cobrador de peajes, que tonto no es, se negó a subir a su partido al PPC y de paso a Cataño).

Por eso no dudé en llamar al estudio de Bedoya y abortar la reunión, porque advertí que Lourdes no quería apoyar mi candidatura presidencial sino usarme para ganar la alcaldía, que, por supuesto, perdió. La señora de pies de rinoceronte subestimó mi malicia. Sin necesidad de verla, supe cuál era su juego y le hice jaque mate antes de que ella moviera peón. Mi padre fue un gran jugador de ajedrez y algo aprendí de él.

Por último, invité a cenar a mi casa al presidente Alan García, accidente genético que gobierna al Perú. Cuando García hundió sus oceánicas posaderas en el sofá, sentí un crujido ominoso y temí que el mueble se partiría en cuatro. Alan me animó a ser candidato. Le dije que no tenía suficiente dinero y mi madre no se manifestaba. Le pregunté cuánto ganaba el presidente del Perú. No parecía saberlo ni preocuparle. Algo así como 3 mil dólares al mes, me dijo. Con esa plata no puedo mantener a mi familia por cinco años, le dije. Y no soy un ladrón ni tengo ganas de aprender el oficio, añadí. Alan soltó una risotada y sentenció la frase de la noche: “No seas cojudo, hombre, la plata llega sola”.

Luego García dijo algo que me pareció gravísimo: que si el señor Humala gana las elecciones, él propiciará un golpe de Estado e impedirá, quebrantando la ley, que Ollanta Humala sea presidente. “Aunque me metan preso, Humala no será presidente”, se pavoneó García.

Aquella noche me quedé pensando que en efecto es así como se hace política en el Perú: con absoluta falta de escrúpulos, pasando el sombrero y esperando a que la plata llegue sola, que es una manera sutil y tramposa de decir que la plata llega por debajo de la mesa, en maletines, en coimas y cuentas secretas.

Fue esa noche que decidí que no sería candidato presidencial en esta elección peruana ni en ninguna elección a ningún cargo público y recordé que hacía veinte años me había propuesto ser un escritor y me prometí que dedicaría lo que me quedase de vida (que no ha de ser mucho) a seguir siendo un escritor, un oficio incompatible con el del político profesional.

Por Jaime Bayly

Este año ha sido una montaña rusa para mí. Probablemente ha sido el más impredecible de mi vida. Espero que el próximo sea más tranquilo.

Comencé el año en Bogotá. Vivía en el hotel Portón, en la calle 84.
Hacía un programa de televisión en NTN. Eran los meses de la campaña presidencial colombiana. Cuando empecé a mostrar simpatías por el candidato Antanas Mockus, vino al hotel el jefe de la policía secreta colombiana, Felipe Muñoz, y me dijo que, siguiendo instrucciones del entonces presidente Uribe, debía comunicarme algo de extrema gravedad: que sus espías en Caracas habían descubierto que Hugo Chávez había ordenado a sus sicarios que me matasen y que debía irme cuanto antes de Colombia.

Ahora creo que el policía colombiano, íntimo de Juan Manuel Santos, me mintió, quiso asustarme y pensó que saldría huyendo. Le dije: No se preocupe, Felipe, tengo una enfermedad terminal, moriré en seis meses, de modo que si Chávez me mata antes, me hará un gran favor. Y me quedé en Bogotá. Y Santos ganó la presidencia porque Mockus cometió la torpeza de decir que admiraba a Chávez.

Una vez que los colombianos eligieron a Santos, decidí mudarme a Lima. En ese momento, estaba seguro de que sería candidato presidencial en las elecciones peruanas. Un partido menor, Cambio Radical, me apoyaba. Pero a poco de instalarme en Lima, dicho partido respaldó, sin consultarme, la candidatura a la alcaldía de Lima de un simpático asaltante de caminos llamado Álex Kouri, deslealtad que me obligó a romper mi alianza con los politicastros y bribonzuelos de Cambio Radical.

Fue entonces cuando quien era mi amigo, el abogado Enrique Ghersi, me animó con entusiasmo a fundar un partido político, que él quería llamar “No Nos Ganan”, y me aseguró que podía recoger medio millón de firmas antes de fin de año. Con parejo entusiasmo, me pidió 300 mil dólares para ponerse en campaña a recolectar las firmas. Delicadamente, me excusé y no le di el dinero.

Ya mi relación con Enrique se hallaba deteriorada debido a que su elefantiásica mujer se empeñaba en fumar cigarrillos y echarme el humo en la cara, una grosería que ella hacía a sabiendas del fastidio que me provocaba. Ello originó mi determinación de no ver más a la adiposa señora y en cierto modo propició mi distanciamiento de su esposo, que por otra parte, siendo lo erudito y encantador que es, cometió una vergonzosa ruindad al defender, durante la dictadura de Fujimori, pagado por los empresarios Crousillat, a un reportero de televisión, a sabiendas de que dicha alimaña era culpable de drogar y abusar sexualmente de menores de edad. Decidí entonces que no era conveniente para mi salud ser amigo de una fumadora grosera y un defensor de pedófilos.

Sin embargo (y ahora me río recordando estos frecuentes brotes de idiotez en mí), no renuncié a mi ambición de ser candidato presidencial. En efecto, me reuní con la plana mayor de Acción Popular (una reunión en la que el más joven debía de contar 75 años y en la que yo rezaba para que nadie se nos muriera allí) y acordamos que sería el candidato de Acción Popular.

Luego de la reunión, y como alguien me había susurrado que un tal Lescano quería ser candidato del partido, hice llamar al amigo Lescano, lo cité en un café y, sin perder tiempo, le pregunté si él sería candidato de Acción Popular, puesto que en ese caso yo no competiría con él en las primarias. Lescano me dijo que lo estaba pensando o evaluando o meditando o sopesando, es decir, me dijo entrelíneas que sí quería ser candidato y que me llamaría. Por supuesto, no me llamó. Por consiguiente, decidí no inscribirme en Acción Popular.

Fue entonces cuando cité en el mismo café a un joven emprendedor, Gonzalo Aguirre, quien, junto con Drago Kisic (que tuvo suerte de no llamarse Droga Kisic), tenían o tienen un partido o secta o cofradía o club de amigos inscrito para participar en las elecciones. Le dije a Aguirre que quería ser candidato de ese partido llamado “Todos por el Perú”. Aguirre se entusiasmó. Organizó una reunión con la plana mayor de su partido, unos veinte ganapanes más o menos vencidos por el soponcio que me sometieron a un interrogatorio pintoresco que duró cuatro horas.

Días después, Aguirre me dijo que su partido me había aceptado como candidato presidencial. Magnífico, le dije. Luego llegó un lunes y Aguirre quiso verme con una incomprensible e impostergable urgencia. Yo me encontraba enfermo y no podía verlo y le hice saber que no podía atenderlo. Por misteriosas razones, Aguirre me dijo que entonces ya no sería candidato presidencial de su secta o cofradía “Todos por el Perú” (siendo “todos” unos dieciocho o veinte ciudadanos apelmazados).

No me quedó entonces más remedio que llamar a Lucho Bedoya el viejo, y cuando digo “el viejo’ lo digo con respeto y admiración, porque Lucho Bedoya se aproxima a cumplir un siglo de vida y sigue creyendo que Lourdes Flores va a ser presidenta del Perú, cuando sería más realista postularla al Club de Corazones Remendados. Algo desconcertado por mi llamada, me citó en su estudio jurídico (una casa en Miraflores que parecía un salón de velatorios o una funeraria). Asistí puntualmente.

El doctor Bedoya fue amable y cordial. Hablamos dos horas. Por momentos se perdía, divagaba, contaba zarandajas de su infancia o su juventud que no remataba, pero cada siete minutos exactos entraba una señorita y le daba una taza de café negro y lo revivía con esa dosis de cafeína pura que lo mantenía lúcido y erecto. Le dije a Bedoya que quería ser candidato del PPC, el Alan de la derecha peruana. Bedoya me dijo: Yo ya estoy retirado, hijo, ahora la que manda es Lourdes. Luego me recomendó (lo que yo interpreté como una señal de que Bedoya sospechaba que Lourdes no vería con simpatía mi postulación) que me dedicase a recolectar firmas para mi propio partido. No lo noté entusiasmado. Sin embargo, me llamó a los dos días al celular y me citó en su estudio y me dijo que nos reuniríamos Lourdes, él y yo.

Quedamos a las siete de la tarde. Calculé cuidadosamente la jugada. Pensé: Lourdes me va a pedir que la apoye sin reservas en la campaña municipal, que sea su fiel escudero desde la televisión y que, luego de que ella gane (si gana, y nunca gana), ya hablaremos de mi eventual candidatura presidencial. Pero yo sabía de buena fuente que Lourdes no me quería como candidato, sólo quería manipularme para que yo la apoyase desde la televisión en la campaña municipal, pues ella tenía una alianza o pacto de honor con el pícaro cobrador de peajes Luis Castañeda, en virtud del cual Castañeda se inhibió de ser candidato presidencial el 2006 (cuando tenía estupendos números en las encuestas) y Lourdes se inhibiría de serlo el 2010 y apoyaría al cobrador Castañeda (alianza que al final se frustró porque el cobrador de peajes, que tonto no es, se negó a subir a su partido al PPC y de paso a Cataño).

Por eso no dudé en llamar al estudio de Bedoya y abortar la reunión, porque advertí que Lourdes no quería apoyar mi candidatura presidencial sino usarme para ganar la alcaldía, que, por supuesto, perdió. La señora de pies de rinoceronte subestimó mi malicia. Sin necesidad de verla, supe cuál era su juego y le hice jaque mate antes de que ella moviera peón. Mi padre fue un gran jugador de ajedrez y algo aprendí de él.

Por último, invité a cenar a mi casa al presidente Alan García, accidente genético que gobierna al Perú. Cuando García hundió sus oceánicas posaderas en el sofá, sentí un crujido ominoso y temí que el mueble se partiría en cuatro. Alan me animó a ser candidato. Le dije que no tenía suficiente dinero y mi madre no se manifestaba. Le pregunté cuánto ganaba el presidente del Perú. No parecía saberlo ni preocuparle. Algo así como 3 mil dólares al mes, me dijo. Con esa plata no puedo mantener a mi familia por cinco años, le dije. Y no soy un ladrón ni tengo ganas de aprender el oficio, añadí. Alan soltó una risotada y sentenció la frase de la noche: “No seas cojudo, hombre, la plata llega sola”.

Luego García dijo algo que me pareció gravísimo: que si el señor Humala gana las elecciones, él propiciará un golpe de Estado e impedirá, quebrantando la ley, que Ollanta Humala sea presidente. “Aunque me metan preso, Humala no será presidente”, se pavoneó García.

Aquella noche me quedé pensando que en efecto es así como se hace política en el Perú: con absoluta falta de escrúpulos, pasando el sombrero y esperando a que la plata llegue sola, que es una manera sutil y tramposa de decir que la plata llega por debajo de la mesa, en maletines, en coimas y cuentas secretas.

Fue esa noche que decidí que no sería candidato presidencial en esta elección peruana ni en ninguna elección a ningún cargo público y recordé que hacía veinte años me había propuesto ser un escritor y me prometí que dedicaría lo que me quedase de vida (que no ha de ser mucho) a seguir siendo un escritor, un oficio incompatible con el del político profesional.

Por Jaime Bayly

martes, 9 de noviembre de 2010

Estás despedido

Por Jaime Bayle - Peru21.pe 

Hace pocas semanas fui despedido de un canal de la televisión peruana.

La severa carta que me informó de tal despido alegó que yo “había violado la línea editorial del canal”.

¿Por qué o cómo había violado la línea editorial del canal?

Según la carta, yo había perpetrado tal violación al decir en mi programa que el canal de televisión le tiene miedo al presidente del Perú y está hincado de rodillas ante él.

Como no he leído un manual o un texto que describa o fije la línea editorial del canal que me despidió, debo suponer que dicha línea consiste, al menos en parte, en no tenerle miedo al presidente del Perú ni en hincarse de rodillas ante él.

Sin embargo, el contrato que me unía al canal decía explícitamente que yo tenía “plena libertad para expresar mis opiniones en mi programa de televisión”. Pero antes advertía que dichas opiniones debían ceñirse a la línea editorial del canal, de modo que mi libertad no era plena e irrestricta, se hallaba restringida por la línea editorial del canal, una línea que era incierta y borrosa y no estaba (no está, creo) expresamente delineada (o al menos no lo estaba para mí).

En cualquier caso, si nos atenemos a la carta que me despidió, fui acusado de violar la línea editorial del canal por decir que el canal estaba de rodillas ante el presidente del Perú. De lo que puede desprenderse que el canal considera que no está de rodillas ante el presidente y que es independiente y eventualmente crítico del presidente peruano.

Si el canal que me despidió es benévolo, adulón o amable con el presidente peruano, es un asunto debatible, subjetivo. Si el canal le tiene miedo o no le tiene miedo al presidente peruano, es un asunto imposible de probar, porque en este caso, cuando aludimos al canal, estamos en realidad aludiendo a su dueño, y yo no puedo demostrar de un modo irrebatible que el dueño del canal que me despidió le tenga miedo al presidente del Perú o que esté hincado de rodillas ante él o que sea adulón con él.

Solo sé lo que todo el mundo sabe, y es que el dueño del canal que me despidió es amigo del presidente del Perú. Pero eso no implica que le tenga miedo o que se arrodille ante él. Yo también me considero amigo del presidente peruano (y le tengo aprecio) y no por eso le tengo miedo ni le hago genuflexiones.

Por lo tanto, podemos llegar a dos conclusiones tentativas: el canal que me despidió no podría probar más allá de la duda razonable que yo violé su línea editorial (puesto que nunca recibí un texto que fijase claramente esa línea editorial y, por tanto, no la conocía con plena certeza) y yo (que estaba explícitamente autorizado a decir mis opiniones en el canal con absoluta libertad) no podría probar que el canal que me despidió le tiene miedo al presidente peruano y está hincado de rodillas ante él. Ambas cosas parecen debatibles o sujetas a la interpretación personal.

En esto no me cabe duda: el dueño del canal ordenó que me despidieran porque, si bien había respetado y en ocasiones aplaudido mi libertad para opinar (especialmente cuando, en la campaña de 2006, opiné con virulencia contra la candidatura presidencial del señor Ollanta Humala), ahora ya no respetaba mis opiniones o no las compartía (especialmente cuando yo apoyaba con entusiasmo la candidatura a la alcaldía de Lima de la señora Susana Villarán) o no quería que yo las siguiera emitiendo en su canal.

Lo que nos lleva a la siguiente cuestión: Si el contrato decía que yo tenía plena libertad para dar mis opiniones, ¿es justo que el dueño me despida por dar libremente mis opiniones?

Esto nos remite al viejo conflicto entre la libertad de empresa y la libertad de expresión, o entre quién manda a quién: ¿es el dueño del medio de comunicación quien decide qué se opina y qué no se opina en su empresa, o son los periodistas que trabajan en ese medio de comunicación los que deciden libremente qué se opina o no se opina en la empresa, aun si lo que opinan desafía o contradice las opiniones del dueño?

En este punto, mi posición es clara: aunque parezca injusto que me contraten para dar mis opiniones y luego me despidan precisamente por darlas, creo que es justo que el dueño de un medio de comunicación sea quien finalmente decida quién opina o qué se opina en su empresa. No soy partidario de la tesis radical según la cual el dueño de un medio de comunicación está obligado a pagarle a un periodista para que difunda opiniones abiertamente contrarias a las suyas. Si el dueño contrata a un periodista y le paga, tiene derecho de despedirlo si las opiniones de ese periodista son contrarias a las suyas o le resultan ofensivas o irritantes.

En ese sentido, creo que sería razonable decir que cuando hablamos de la línea editorial del canal que me despidió (o de un medio de comunicación en general) en realidad estamos hablando de la opinión o las opiniones políticas del dueño de esa empresa. Dicho más crudamente, la línea editorial es la opinión del dueño. Si el periodista opina de un modo consistentemente desafiante a la opinión del dueño, no veo por qué el dueño debería estar obligado a seguir pagándole.

De modo que, aunque me duela y entristezca, creo que es justo que el dueño del canal me haya despedido porque no comparte mis opiniones políticas y porque se ha sentido ofendido o humillado por mis opiniones, en particular cuando dije que su canal estaba de rodillas ante el presidente del Perú.

La lección que he aprendido es bien simple: Cuando un canal de televisión te contrata y estipula expresamente que tienes “pleno derecho a divulgar tus opiniones sin restricción alguna”, lo que no dice el contrato es que si esas opiniones no le gustan al dueño del canal, entonces serás despedido, de modo tal que podríamos afirmar que la libertad de opinar del periodista termina cuando colisiona con la opinión del dueño del medio de comunicación en el que trabaja. Puestas en conflicto la opinión del periodista y la del dueño que le paga su salario, por supuesto prevalece la opinión del dueño y el periodista es despedido.

Por consiguiente, sería más exacto que el contrato dijera que el periodista tiene plena libertad de opinar, siempre y cuando esas opiniones coincidan con las opiniones del dueño que lo ha contratado.
Por Jaime Bayle - Peru21.pe 

Hace pocas semanas fui despedido de un canal de la televisión peruana.

La severa carta que me informó de tal despido alegó que yo “había violado la línea editorial del canal”.

¿Por qué o cómo había violado la línea editorial del canal?

Según la carta, yo había perpetrado tal violación al decir en mi programa que el canal de televisión le tiene miedo al presidente del Perú y está hincado de rodillas ante él.

Como no he leído un manual o un texto que describa o fije la línea editorial del canal que me despidió, debo suponer que dicha línea consiste, al menos en parte, en no tenerle miedo al presidente del Perú ni en hincarse de rodillas ante él.

Sin embargo, el contrato que me unía al canal decía explícitamente que yo tenía “plena libertad para expresar mis opiniones en mi programa de televisión”. Pero antes advertía que dichas opiniones debían ceñirse a la línea editorial del canal, de modo que mi libertad no era plena e irrestricta, se hallaba restringida por la línea editorial del canal, una línea que era incierta y borrosa y no estaba (no está, creo) expresamente delineada (o al menos no lo estaba para mí).

En cualquier caso, si nos atenemos a la carta que me despidió, fui acusado de violar la línea editorial del canal por decir que el canal estaba de rodillas ante el presidente del Perú. De lo que puede desprenderse que el canal considera que no está de rodillas ante el presidente y que es independiente y eventualmente crítico del presidente peruano.

Si el canal que me despidió es benévolo, adulón o amable con el presidente peruano, es un asunto debatible, subjetivo. Si el canal le tiene miedo o no le tiene miedo al presidente peruano, es un asunto imposible de probar, porque en este caso, cuando aludimos al canal, estamos en realidad aludiendo a su dueño, y yo no puedo demostrar de un modo irrebatible que el dueño del canal que me despidió le tenga miedo al presidente del Perú o que esté hincado de rodillas ante él o que sea adulón con él.

Solo sé lo que todo el mundo sabe, y es que el dueño del canal que me despidió es amigo del presidente del Perú. Pero eso no implica que le tenga miedo o que se arrodille ante él. Yo también me considero amigo del presidente peruano (y le tengo aprecio) y no por eso le tengo miedo ni le hago genuflexiones.

Por lo tanto, podemos llegar a dos conclusiones tentativas: el canal que me despidió no podría probar más allá de la duda razonable que yo violé su línea editorial (puesto que nunca recibí un texto que fijase claramente esa línea editorial y, por tanto, no la conocía con plena certeza) y yo (que estaba explícitamente autorizado a decir mis opiniones en el canal con absoluta libertad) no podría probar que el canal que me despidió le tiene miedo al presidente peruano y está hincado de rodillas ante él. Ambas cosas parecen debatibles o sujetas a la interpretación personal.

En esto no me cabe duda: el dueño del canal ordenó que me despidieran porque, si bien había respetado y en ocasiones aplaudido mi libertad para opinar (especialmente cuando, en la campaña de 2006, opiné con virulencia contra la candidatura presidencial del señor Ollanta Humala), ahora ya no respetaba mis opiniones o no las compartía (especialmente cuando yo apoyaba con entusiasmo la candidatura a la alcaldía de Lima de la señora Susana Villarán) o no quería que yo las siguiera emitiendo en su canal.

Lo que nos lleva a la siguiente cuestión: Si el contrato decía que yo tenía plena libertad para dar mis opiniones, ¿es justo que el dueño me despida por dar libremente mis opiniones?

Esto nos remite al viejo conflicto entre la libertad de empresa y la libertad de expresión, o entre quién manda a quién: ¿es el dueño del medio de comunicación quien decide qué se opina y qué no se opina en su empresa, o son los periodistas que trabajan en ese medio de comunicación los que deciden libremente qué se opina o no se opina en la empresa, aun si lo que opinan desafía o contradice las opiniones del dueño?

En este punto, mi posición es clara: aunque parezca injusto que me contraten para dar mis opiniones y luego me despidan precisamente por darlas, creo que es justo que el dueño de un medio de comunicación sea quien finalmente decida quién opina o qué se opina en su empresa. No soy partidario de la tesis radical según la cual el dueño de un medio de comunicación está obligado a pagarle a un periodista para que difunda opiniones abiertamente contrarias a las suyas. Si el dueño contrata a un periodista y le paga, tiene derecho de despedirlo si las opiniones de ese periodista son contrarias a las suyas o le resultan ofensivas o irritantes.

En ese sentido, creo que sería razonable decir que cuando hablamos de la línea editorial del canal que me despidió (o de un medio de comunicación en general) en realidad estamos hablando de la opinión o las opiniones políticas del dueño de esa empresa. Dicho más crudamente, la línea editorial es la opinión del dueño. Si el periodista opina de un modo consistentemente desafiante a la opinión del dueño, no veo por qué el dueño debería estar obligado a seguir pagándole.

De modo que, aunque me duela y entristezca, creo que es justo que el dueño del canal me haya despedido porque no comparte mis opiniones políticas y porque se ha sentido ofendido o humillado por mis opiniones, en particular cuando dije que su canal estaba de rodillas ante el presidente del Perú.

La lección que he aprendido es bien simple: Cuando un canal de televisión te contrata y estipula expresamente que tienes “pleno derecho a divulgar tus opiniones sin restricción alguna”, lo que no dice el contrato es que si esas opiniones no le gustan al dueño del canal, entonces serás despedido, de modo tal que podríamos afirmar que la libertad de opinar del periodista termina cuando colisiona con la opinión del dueño del medio de comunicación en el que trabaja. Puestas en conflicto la opinión del periodista y la del dueño que le paga su salario, por supuesto prevalece la opinión del dueño y el periodista es despedido.

Por consiguiente, sería más exacto que el contrato dijera que el periodista tiene plena libertad de opinar, siempre y cuando esas opiniones coincidan con las opiniones del dueño que lo ha contratado.

Estás despedido

Por Jaime Bayle - Peru21.pe 

Hace pocas semanas fui despedido de un canal de la televisión peruana.

La severa carta que me informó de tal despido alegó que yo “había violado la línea editorial del canal”.

¿Por qué o cómo había violado la línea editorial del canal?

Según la carta, yo había perpetrado tal violación al decir en mi programa que el canal de televisión le tiene miedo al presidente del Perú y está hincado de rodillas ante él.

Como no he leído un manual o un texto que describa o fije la línea editorial del canal que me despidió, debo suponer que dicha línea consiste, al menos en parte, en no tenerle miedo al presidente del Perú ni en hincarse de rodillas ante él.

Sin embargo, el contrato que me unía al canal decía explícitamente que yo tenía “plena libertad para expresar mis opiniones en mi programa de televisión”. Pero antes advertía que dichas opiniones debían ceñirse a la línea editorial del canal, de modo que mi libertad no era plena e irrestricta, se hallaba restringida por la línea editorial del canal, una línea que era incierta y borrosa y no estaba (no está, creo) expresamente delineada (o al menos no lo estaba para mí).

En cualquier caso, si nos atenemos a la carta que me despidió, fui acusado de violar la línea editorial del canal por decir que el canal estaba de rodillas ante el presidente del Perú. De lo que puede desprenderse que el canal considera que no está de rodillas ante el presidente y que es independiente y eventualmente crítico del presidente peruano.

Si el canal que me despidió es benévolo, adulón o amable con el presidente peruano, es un asunto debatible, subjetivo. Si el canal le tiene miedo o no le tiene miedo al presidente peruano, es un asunto imposible de probar, porque en este caso, cuando aludimos al canal, estamos en realidad aludiendo a su dueño, y yo no puedo demostrar de un modo irrebatible que el dueño del canal que me despidió le tenga miedo al presidente del Perú o que esté hincado de rodillas ante él o que sea adulón con él.

Solo sé lo que todo el mundo sabe, y es que el dueño del canal que me despidió es amigo del presidente del Perú. Pero eso no implica que le tenga miedo o que se arrodille ante él. Yo también me considero amigo del presidente peruano (y le tengo aprecio) y no por eso le tengo miedo ni le hago genuflexiones.

Por lo tanto, podemos llegar a dos conclusiones tentativas: el canal que me despidió no podría probar más allá de la duda razonable que yo violé su línea editorial (puesto que nunca recibí un texto que fijase claramente esa línea editorial y, por tanto, no la conocía con plena certeza) y yo (que estaba explícitamente autorizado a decir mis opiniones en el canal con absoluta libertad) no podría probar que el canal que me despidió le tiene miedo al presidente peruano y está hincado de rodillas ante él. Ambas cosas parecen debatibles o sujetas a la interpretación personal.

En esto no me cabe duda: el dueño del canal ordenó que me despidieran porque, si bien había respetado y en ocasiones aplaudido mi libertad para opinar (especialmente cuando, en la campaña de 2006, opiné con virulencia contra la candidatura presidencial del señor Ollanta Humala), ahora ya no respetaba mis opiniones o no las compartía (especialmente cuando yo apoyaba con entusiasmo la candidatura a la alcaldía de Lima de la señora Susana Villarán) o no quería que yo las siguiera emitiendo en su canal.

Lo que nos lleva a la siguiente cuestión: Si el contrato decía que yo tenía plena libertad para dar mis opiniones, ¿es justo que el dueño me despida por dar libremente mis opiniones?

Esto nos remite al viejo conflicto entre la libertad de empresa y la libertad de expresión, o entre quién manda a quién: ¿es el dueño del medio de comunicación quien decide qué se opina y qué no se opina en su empresa, o son los periodistas que trabajan en ese medio de comunicación los que deciden libremente qué se opina o no se opina en la empresa, aun si lo que opinan desafía o contradice las opiniones del dueño?

En este punto, mi posición es clara: aunque parezca injusto que me contraten para dar mis opiniones y luego me despidan precisamente por darlas, creo que es justo que el dueño de un medio de comunicación sea quien finalmente decida quién opina o qué se opina en su empresa. No soy partidario de la tesis radical según la cual el dueño de un medio de comunicación está obligado a pagarle a un periodista para que difunda opiniones abiertamente contrarias a las suyas. Si el dueño contrata a un periodista y le paga, tiene derecho de despedirlo si las opiniones de ese periodista son contrarias a las suyas o le resultan ofensivas o irritantes.

En ese sentido, creo que sería razonable decir que cuando hablamos de la línea editorial del canal que me despidió (o de un medio de comunicación en general) en realidad estamos hablando de la opinión o las opiniones políticas del dueño de esa empresa. Dicho más crudamente, la línea editorial es la opinión del dueño. Si el periodista opina de un modo consistentemente desafiante a la opinión del dueño, no veo por qué el dueño debería estar obligado a seguir pagándole.

De modo que, aunque me duela y entristezca, creo que es justo que el dueño del canal me haya despedido porque no comparte mis opiniones políticas y porque se ha sentido ofendido o humillado por mis opiniones, en particular cuando dije que su canal estaba de rodillas ante el presidente del Perú.

La lección que he aprendido es bien simple: Cuando un canal de televisión te contrata y estipula expresamente que tienes “pleno derecho a divulgar tus opiniones sin restricción alguna”, lo que no dice el contrato es que si esas opiniones no le gustan al dueño del canal, entonces serás despedido, de modo tal que podríamos afirmar que la libertad de opinar del periodista termina cuando colisiona con la opinión del dueño del medio de comunicación en el que trabaja. Puestas en conflicto la opinión del periodista y la del dueño que le paga su salario, por supuesto prevalece la opinión del dueño y el periodista es despedido.

Por consiguiente, sería más exacto que el contrato dijera que el periodista tiene plena libertad de opinar, siempre y cuando esas opiniones coincidan con las opiniones del dueño que lo ha contratado.
Por Jaime Bayle - Peru21.pe 

Hace pocas semanas fui despedido de un canal de la televisión peruana.

La severa carta que me informó de tal despido alegó que yo “había violado la línea editorial del canal”.

¿Por qué o cómo había violado la línea editorial del canal?

Según la carta, yo había perpetrado tal violación al decir en mi programa que el canal de televisión le tiene miedo al presidente del Perú y está hincado de rodillas ante él.

Como no he leído un manual o un texto que describa o fije la línea editorial del canal que me despidió, debo suponer que dicha línea consiste, al menos en parte, en no tenerle miedo al presidente del Perú ni en hincarse de rodillas ante él.

Sin embargo, el contrato que me unía al canal decía explícitamente que yo tenía “plena libertad para expresar mis opiniones en mi programa de televisión”. Pero antes advertía que dichas opiniones debían ceñirse a la línea editorial del canal, de modo que mi libertad no era plena e irrestricta, se hallaba restringida por la línea editorial del canal, una línea que era incierta y borrosa y no estaba (no está, creo) expresamente delineada (o al menos no lo estaba para mí).

En cualquier caso, si nos atenemos a la carta que me despidió, fui acusado de violar la línea editorial del canal por decir que el canal estaba de rodillas ante el presidente del Perú. De lo que puede desprenderse que el canal considera que no está de rodillas ante el presidente y que es independiente y eventualmente crítico del presidente peruano.

Si el canal que me despidió es benévolo, adulón o amable con el presidente peruano, es un asunto debatible, subjetivo. Si el canal le tiene miedo o no le tiene miedo al presidente peruano, es un asunto imposible de probar, porque en este caso, cuando aludimos al canal, estamos en realidad aludiendo a su dueño, y yo no puedo demostrar de un modo irrebatible que el dueño del canal que me despidió le tenga miedo al presidente del Perú o que esté hincado de rodillas ante él o que sea adulón con él.

Solo sé lo que todo el mundo sabe, y es que el dueño del canal que me despidió es amigo del presidente del Perú. Pero eso no implica que le tenga miedo o que se arrodille ante él. Yo también me considero amigo del presidente peruano (y le tengo aprecio) y no por eso le tengo miedo ni le hago genuflexiones.

Por lo tanto, podemos llegar a dos conclusiones tentativas: el canal que me despidió no podría probar más allá de la duda razonable que yo violé su línea editorial (puesto que nunca recibí un texto que fijase claramente esa línea editorial y, por tanto, no la conocía con plena certeza) y yo (que estaba explícitamente autorizado a decir mis opiniones en el canal con absoluta libertad) no podría probar que el canal que me despidió le tiene miedo al presidente peruano y está hincado de rodillas ante él. Ambas cosas parecen debatibles o sujetas a la interpretación personal.

En esto no me cabe duda: el dueño del canal ordenó que me despidieran porque, si bien había respetado y en ocasiones aplaudido mi libertad para opinar (especialmente cuando, en la campaña de 2006, opiné con virulencia contra la candidatura presidencial del señor Ollanta Humala), ahora ya no respetaba mis opiniones o no las compartía (especialmente cuando yo apoyaba con entusiasmo la candidatura a la alcaldía de Lima de la señora Susana Villarán) o no quería que yo las siguiera emitiendo en su canal.

Lo que nos lleva a la siguiente cuestión: Si el contrato decía que yo tenía plena libertad para dar mis opiniones, ¿es justo que el dueño me despida por dar libremente mis opiniones?

Esto nos remite al viejo conflicto entre la libertad de empresa y la libertad de expresión, o entre quién manda a quién: ¿es el dueño del medio de comunicación quien decide qué se opina y qué no se opina en su empresa, o son los periodistas que trabajan en ese medio de comunicación los que deciden libremente qué se opina o no se opina en la empresa, aun si lo que opinan desafía o contradice las opiniones del dueño?

En este punto, mi posición es clara: aunque parezca injusto que me contraten para dar mis opiniones y luego me despidan precisamente por darlas, creo que es justo que el dueño de un medio de comunicación sea quien finalmente decida quién opina o qué se opina en su empresa. No soy partidario de la tesis radical según la cual el dueño de un medio de comunicación está obligado a pagarle a un periodista para que difunda opiniones abiertamente contrarias a las suyas. Si el dueño contrata a un periodista y le paga, tiene derecho de despedirlo si las opiniones de ese periodista son contrarias a las suyas o le resultan ofensivas o irritantes.

En ese sentido, creo que sería razonable decir que cuando hablamos de la línea editorial del canal que me despidió (o de un medio de comunicación en general) en realidad estamos hablando de la opinión o las opiniones políticas del dueño de esa empresa. Dicho más crudamente, la línea editorial es la opinión del dueño. Si el periodista opina de un modo consistentemente desafiante a la opinión del dueño, no veo por qué el dueño debería estar obligado a seguir pagándole.

De modo que, aunque me duela y entristezca, creo que es justo que el dueño del canal me haya despedido porque no comparte mis opiniones políticas y porque se ha sentido ofendido o humillado por mis opiniones, en particular cuando dije que su canal estaba de rodillas ante el presidente del Perú.

La lección que he aprendido es bien simple: Cuando un canal de televisión te contrata y estipula expresamente que tienes “pleno derecho a divulgar tus opiniones sin restricción alguna”, lo que no dice el contrato es que si esas opiniones no le gustan al dueño del canal, entonces serás despedido, de modo tal que podríamos afirmar que la libertad de opinar del periodista termina cuando colisiona con la opinión del dueño del medio de comunicación en el que trabaja. Puestas en conflicto la opinión del periodista y la del dueño que le paga su salario, por supuesto prevalece la opinión del dueño y el periodista es despedido.

Por consiguiente, sería más exacto que el contrato dijera que el periodista tiene plena libertad de opinar, siempre y cuando esas opiniones coincidan con las opiniones del dueño que lo ha contratado.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Futuro incierto de "El Francotirador": Bayly y su productora se reúnen hoy con directivos de Canal 2

El futuro de “El Francotirador” sigue siendo incierto. Ximena Ruiz Rosas, productora del espacio que conduce Jaime Bayly, señaló que el polémico conductor de televisión y ella se reunirían hoy con Baruch Ivcher para llegar a un acuerdo sobre el programa.

“Los directivos del canal han tomado la decisión de emitir una edición pasada de ‘El Francotirador’ (la entrevista que Bayly hizo a Carlos Alcántara), en tanto Jaime y yo no tenemos ningún malestar con el canal. Hoy vamos a dialogar con los directivos y ahí se decidirá si continúa o no el programa”, sostuvo Ruiz Rosas.

Asimismo, la productora indicó que Ivcher se disculpó por el desalojo al equipo de producción. “El señor Baruch se ha disculpado por este desalojo al equipo de producción y, bueno, las disculpas se las voy a transmitir al equipo. También se ha disculpado por la actitud de algunos miembros de la empresa (Canal 2) para con los miembros de nuestro equipo”, aseguró a un medio local.

A su vez, la productora, desde su domicilio, contó que se comunicó con Bayly y que este se encontraba tranquilo con el desenlace. “He conversado con Jaime, él está en su casa y está tranquilo. Ni Jaime ni yo tenemos ningún rencor para con el canal. Mi conversación con Baruch ha sido como siempre, en los mejores términos, y, pues, nada, vamos a esperar. El tema de su renuncia ya lo explicó Jaime. Él renunció y se queda en el programa hasta los últimos días de diciembre”, remarcó.

Finalmente, Ruiz Rosas desmintió que el motivo de la presunta cancelación de “El Francotirador” obedeciera a un veto por una entrevista a Richard Gálvez, el hombre que supuestamente fue agredido por el Presidente de la República. “Eso es falso”, dijo.

El futuro de “El Francotirador” sigue siendo incierto. Ximena Ruiz Rosas, productora del espacio que conduce Jaime Bayly, señaló que el polémico conductor de televisión y ella se reunirían hoy con Baruch Ivcher para llegar a un acuerdo sobre el programa.

“Los directivos del canal han tomado la decisión de emitir una edición pasada de ‘El Francotirador’ (la entrevista que Bayly hizo a Carlos Alcántara), en tanto Jaime y yo no tenemos ningún malestar con el canal. Hoy vamos a dialogar con los directivos y ahí se decidirá si continúa o no el programa”, sostuvo Ruiz Rosas.

Asimismo, la productora indicó que Ivcher se disculpó por el desalojo al equipo de producción. “El señor Baruch se ha disculpado por este desalojo al equipo de producción y, bueno, las disculpas se las voy a transmitir al equipo. También se ha disculpado por la actitud de algunos miembros de la empresa (Canal 2) para con los miembros de nuestro equipo”, aseguró a un medio local.

A su vez, la productora, desde su domicilio, contó que se comunicó con Bayly y que este se encontraba tranquilo con el desenlace. “He conversado con Jaime, él está en su casa y está tranquilo. Ni Jaime ni yo tenemos ningún rencor para con el canal. Mi conversación con Baruch ha sido como siempre, en los mejores términos, y, pues, nada, vamos a esperar. El tema de su renuncia ya lo explicó Jaime. Él renunció y se queda en el programa hasta los últimos días de diciembre”, remarcó.

Finalmente, Ruiz Rosas desmintió que el motivo de la presunta cancelación de “El Francotirador” obedeciera a un veto por una entrevista a Richard Gálvez, el hombre que supuestamente fue agredido por el Presidente de la República. “Eso es falso”, dijo.

Futuro incierto de "El Francotirador": Bayly y su productora se reúnen hoy con directivos de Canal 2

El futuro de “El Francotirador” sigue siendo incierto. Ximena Ruiz Rosas, productora del espacio que conduce Jaime Bayly, señaló que el polémico conductor de televisión y ella se reunirían hoy con Baruch Ivcher para llegar a un acuerdo sobre el programa.

“Los directivos del canal han tomado la decisión de emitir una edición pasada de ‘El Francotirador’ (la entrevista que Bayly hizo a Carlos Alcántara), en tanto Jaime y yo no tenemos ningún malestar con el canal. Hoy vamos a dialogar con los directivos y ahí se decidirá si continúa o no el programa”, sostuvo Ruiz Rosas.

Asimismo, la productora indicó que Ivcher se disculpó por el desalojo al equipo de producción. “El señor Baruch se ha disculpado por este desalojo al equipo de producción y, bueno, las disculpas se las voy a transmitir al equipo. También se ha disculpado por la actitud de algunos miembros de la empresa (Canal 2) para con los miembros de nuestro equipo”, aseguró a un medio local.

A su vez, la productora, desde su domicilio, contó que se comunicó con Bayly y que este se encontraba tranquilo con el desenlace. “He conversado con Jaime, él está en su casa y está tranquilo. Ni Jaime ni yo tenemos ningún rencor para con el canal. Mi conversación con Baruch ha sido como siempre, en los mejores términos, y, pues, nada, vamos a esperar. El tema de su renuncia ya lo explicó Jaime. Él renunció y se queda en el programa hasta los últimos días de diciembre”, remarcó.

Finalmente, Ruiz Rosas desmintió que el motivo de la presunta cancelación de “El Francotirador” obedeciera a un veto por una entrevista a Richard Gálvez, el hombre que supuestamente fue agredido por el Presidente de la República. “Eso es falso”, dijo.

El futuro de “El Francotirador” sigue siendo incierto. Ximena Ruiz Rosas, productora del espacio que conduce Jaime Bayly, señaló que el polémico conductor de televisión y ella se reunirían hoy con Baruch Ivcher para llegar a un acuerdo sobre el programa.

“Los directivos del canal han tomado la decisión de emitir una edición pasada de ‘El Francotirador’ (la entrevista que Bayly hizo a Carlos Alcántara), en tanto Jaime y yo no tenemos ningún malestar con el canal. Hoy vamos a dialogar con los directivos y ahí se decidirá si continúa o no el programa”, sostuvo Ruiz Rosas.

Asimismo, la productora indicó que Ivcher se disculpó por el desalojo al equipo de producción. “El señor Baruch se ha disculpado por este desalojo al equipo de producción y, bueno, las disculpas se las voy a transmitir al equipo. También se ha disculpado por la actitud de algunos miembros de la empresa (Canal 2) para con los miembros de nuestro equipo”, aseguró a un medio local.

A su vez, la productora, desde su domicilio, contó que se comunicó con Bayly y que este se encontraba tranquilo con el desenlace. “He conversado con Jaime, él está en su casa y está tranquilo. Ni Jaime ni yo tenemos ningún rencor para con el canal. Mi conversación con Baruch ha sido como siempre, en los mejores términos, y, pues, nada, vamos a esperar. El tema de su renuncia ya lo explicó Jaime. Él renunció y se queda en el programa hasta los últimos días de diciembre”, remarcó.

Finalmente, Ruiz Rosas desmintió que el motivo de la presunta cancelación de “El Francotirador” obedeciera a un veto por una entrevista a Richard Gálvez, el hombre que supuestamente fue agredido por el Presidente de la República. “Eso es falso”, dijo.

sábado, 2 de octubre de 2010

Lourdes Flores explicó que no fue al programa de Jaime Bayly “por dignidad”


Esta semana, Jaime Bayly reveló que la congresista del PPC, Lourdes Alcorta, había coordinado con su productora Ximena Ruiz una posible visita de Lourdes Flores al programa ‘El Francotirador’.

¿Pero por qué no se concretó la entrevista? Fue “por dignidad”, según afirmó esta noche la candidata del PPC-UN a la alcaldía de Lima.

“Creo que uno tiene una forma de mirar las cosas, de actuar y de debatir y discutir con un cierto nivel y creo que se ha llegado a una situación en la cual mucha gente me hubiera reprochado, al contrario, no darme el sitio que merezco”, sostuvo Flores Nano en declaraciones al noticiero “90 Segundos”.

La ex congresista señaló también que se desanimó, porque escuchó a Bayly decir que la recibiría si ella quisiera; pero que no tenía interés en hacerlo, y que si se realizaba la entrevista, esta no iba a ser cariñosa.
“Di algunos pasos, no se han dado las circunstancias, no es ya tiempo de reproches, es tiempo de una reflexión final en la recta de la campaña y creo que las circunstancias están dadas como tal”, concluyó al respecto la aspirante al sillón municipal.

Esta semana, Jaime Bayly reveló que la congresista del PPC, Lourdes Alcorta, había coordinado con su productora Ximena Ruiz una posible visita de Lourdes Flores al programa ‘El Francotirador’.

¿Pero por qué no se concretó la entrevista? Fue “por dignidad”, según afirmó esta noche la candidata del PPC-UN a la alcaldía de Lima.

“Creo que uno tiene una forma de mirar las cosas, de actuar y de debatir y discutir con un cierto nivel y creo que se ha llegado a una situación en la cual mucha gente me hubiera reprochado, al contrario, no darme el sitio que merezco”, sostuvo Flores Nano en declaraciones al noticiero “90 Segundos”.

La ex congresista señaló también que se desanimó, porque escuchó a Bayly decir que la recibiría si ella quisiera; pero que no tenía interés en hacerlo, y que si se realizaba la entrevista, esta no iba a ser cariñosa.
“Di algunos pasos, no se han dado las circunstancias, no es ya tiempo de reproches, es tiempo de una reflexión final en la recta de la campaña y creo que las circunstancias están dadas como tal”, concluyó al respecto la aspirante al sillón municipal.

Lourdes Flores explicó que no fue al programa de Jaime Bayly “por dignidad”


Esta semana, Jaime Bayly reveló que la congresista del PPC, Lourdes Alcorta, había coordinado con su productora Ximena Ruiz una posible visita de Lourdes Flores al programa ‘El Francotirador’.

¿Pero por qué no se concretó la entrevista? Fue “por dignidad”, según afirmó esta noche la candidata del PPC-UN a la alcaldía de Lima.

“Creo que uno tiene una forma de mirar las cosas, de actuar y de debatir y discutir con un cierto nivel y creo que se ha llegado a una situación en la cual mucha gente me hubiera reprochado, al contrario, no darme el sitio que merezco”, sostuvo Flores Nano en declaraciones al noticiero “90 Segundos”.

La ex congresista señaló también que se desanimó, porque escuchó a Bayly decir que la recibiría si ella quisiera; pero que no tenía interés en hacerlo, y que si se realizaba la entrevista, esta no iba a ser cariñosa.
“Di algunos pasos, no se han dado las circunstancias, no es ya tiempo de reproches, es tiempo de una reflexión final en la recta de la campaña y creo que las circunstancias están dadas como tal”, concluyó al respecto la aspirante al sillón municipal.

Esta semana, Jaime Bayly reveló que la congresista del PPC, Lourdes Alcorta, había coordinado con su productora Ximena Ruiz una posible visita de Lourdes Flores al programa ‘El Francotirador’.

¿Pero por qué no se concretó la entrevista? Fue “por dignidad”, según afirmó esta noche la candidata del PPC-UN a la alcaldía de Lima.

“Creo que uno tiene una forma de mirar las cosas, de actuar y de debatir y discutir con un cierto nivel y creo que se ha llegado a una situación en la cual mucha gente me hubiera reprochado, al contrario, no darme el sitio que merezco”, sostuvo Flores Nano en declaraciones al noticiero “90 Segundos”.

La ex congresista señaló también que se desanimó, porque escuchó a Bayly decir que la recibiría si ella quisiera; pero que no tenía interés en hacerlo, y que si se realizaba la entrevista, esta no iba a ser cariñosa.
“Di algunos pasos, no se han dado las circunstancias, no es ya tiempo de reproches, es tiempo de una reflexión final en la recta de la campaña y creo que las circunstancias están dadas como tal”, concluyó al respecto la aspirante al sillón municipal.
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