Según señala la página genciencia.com, si uno se embriaga tomando vino blanco o vodka, al día siguiente la resaca no será tan fuerte a comparación de lo que sería si hubiera bebido whisky, vino tinto, brandy o coñac.
La responsabilidad de esta diferencia está en las sustancias congéneres que se desarrollan junto con el etanol durante la fermentación o en el proceso de envejecimiento de la bebida. Son estos combuestos los que determinan las propiedades organolépticas del licor (sabor, textura, olor y color).
“El proceso de destilación disminuye la concentración de estas sustancias (como en el caso del vodka)”, explica la página web Eureka.
“La cantidad de estos subproductos en la bebida dependerá del origen del alcohol utilizado en su elaboración, el tipo y calidad del proceso de destilación y la concentración de ese alcohol en la bebida. En general, aquellas bebidas elaboradas a partir de alcohol vínico (brandy, oporto, vino de mesa, etc.) son las que presentan un mayor potencial resacoso”, dice el artículo.


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